Un cambio de vida en la ciudad: disfrutar a pleno de edificios premium
Un nuevo estilo de vecindad en las alturas
Las torres inteligentes contribuyen a otra interacción entre sus habitantes; el gimnasio y la pileta, lugares de encuentro
La amistad entre Juan Carlos Baldassarre, Graciela de Chanquía y Ana María Mosca creció en torno de un jacuzzi, una pileta y un gimnasio. Ellos, que tienen más de 50 años, se conocieron en River View, la torre de Puerto Madero en la que viven, uno de los tantos nuevos edificios que suben el promedio de altura y lujo de la ciudad.
Basadas sobre la premisa de que para tenerlo todo no hace falta salir del edificio, las torres están cargadas de amenities , palabra que engloba servicios que van desde una lavandería hasta peluquerías. En esos lugares, además de confort, se generan espacios de interacción que forman un estilo de vecindad del siglo XXI.
"Vivir en una torre me permitió conseguir un grupo nuevo de amigos a los que llamo casi todos los días. Me encanta vivir así y ojalá todos pudieran", dice Ana María, una de las amigas que disfrutan el edificio de Juana Manso al 700. Ella llegó hace tres años desde la localidad bonaerense de Lomas del Mirador, detalle que le encanta recalcar: "Vengo de vivir en un chalet típico de la zona sur y pasé a una de estas megatorres. Estoy feliz con el cambio".
Por los barrios
Antes reducidos a Puerto Madero o Recoleta, los edificios de lujo con amenities ahora proliferan en Caballito, Barracas, Palermo y Núñez, y en distritos bonaerenses como Martínez, Vicente López o San Isidro.
Vanesa Leivas, de 33 años, vive en una de las torres de Le Parc, en donde puede disfrutar todos los días, entre otras cosas, de una pileta, un gimnasio y un bar. "Me encanta vivir acá y estoy feliz de haber hecho el cambio. Vivía en otra torre y cambié para vivir en otra con más servicios", cuenta Vanesa, que vive con su pareja en el edificio desde hace un año y medio.
Para Vanesa, lo mejor de las torres es que encuentra privacidad y compañía al mismo tiempo. Por un lado, no tiene que interactuar con vecinos cuando no quiere, ya que hay sólo un departamento por piso y "ni se oye lo que pasa en los otros". Por el otro, tiene la posibilidad de socializar a través de las áreas comunes.
"Con la gente del edificio festejamos algunos cumpleaños y organizamos algunas fiestas, como en Halloween. Siempre hay coincidencias de edad con la gente, lo que ayuda a que haya buena onda entre todos", resalta Vanesa.
En general, los departamentos están ocupados por solteros o por parejas jóvenes. La mayoría de los matrimonios -muchos de ellos conformados por adultos mayores- viven en las torres sin hijos. En las inmobiliarias que comercializan esos emprendimientos estiman que en una torre pueden vivir entre 150 y 500 personas, dependiendo del tamaño. En el exterior, los proyectos son cada vez más ambiciosos y se diseñan torres con capacidad para alojar pequeños barrios y hasta ciudades enteras.
En la novela Rascacielos , James Graham Ballard describe una guerra que se desata entre los vecinos que viven en un edificio de lujo. En la ficción, el piso 10 -el de las amenities- sirve de límite social entre los dos bandos que empiezan a pelearse por las pequeñas cuestiones de la convivencia. En el transcurso del libro, los vecinos terminan completamente aislados del exterior matándose unos a otros.
Al contrario de lo que plantea este libro de la década del 70, hoy las torres en la Argentina parecen favorecer la amistad. En Le Parc, los fines de semana, se forman grupos que disfrutan de la pileta junto a la barra, que ofrece tragos y helados.
Juan Carlos, que vive en el tercer piso de River View, dice que vive algo parecido en su edificio. "A veces, la torre cumple también la función de club: tengo a mis amigos en un entorno en el que puedo hacer deporte".
Algunas torres ofrecen minigolf, cancha de tenis y en algunas se hacen torneos entre vecinos.
Las torres de lujo también evitan algunas cuestiones de convivencia clásicas. Por ejemplo, no hay porteros y la administración se terceriza para que problemas que pueden generar dolores de cabeza en una reunión de consorcio no existan.
"De todas maneras una o dos veces por año nos juntamos para hablar de lo que pasa en el edificio y de las cuentas de la administración", relata Ana María, con el Puente de la Mujer, que identifica a Puerto Madero, de fondo. "Al revés de lo que puede pensarse, las expensas son baratas. Yo pago menos de 500 pesos", dice Vanesa. Este precio incluye todos los servicios.
En River View el servicio más usado es el gimnasio. "Voy tres veces por semana para mantenerme en forma. Ahí nos hicimos amigos con Graciela", destaca Juan Carlos, un arquitecto que se enamoró de una torre un domingo y el lunes compró un departamento.
Graciela vive con su marido en un departamento de 90 metros cuadrados y se arrepiente de no haber comprado uno más grande. "No uso tanto las amenities , pero me encanta estar con la gente del edificio", festeja.
Según una encuesta realizada por el portal de Puerto Madero,(www.nuevomadero.com), la mayoría de los que viven en la zona usa los servicios frecuentemente.
Roberto Genni vive con su familia en la torre El Faro, donde puede disfrutar de sauna, pileta, solarium, cancha de tenis, parrilla y guardería, entre otras cosas. "Es una forma de vivir muy sana y confortable. Mejoró nuestra calidad de vida", celebra.
Por Agustín F. Cronenbold
De la Redacción de LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/informaciongeneral/nota.asp?nota_id=994284
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